Transformando realidades desde el plato

La pandemia por COVID19 y sus múltiples efectos en la salud, economía y dinámica de las personas, nos ha recordado que la alimentación no solo es un acto esencial para la vida, sino que está en el centro de la misma y que de ella depende el goce de otros derechos.

 

Una adecuada alimentación garantiza el correcto desarrollo de nuestras habilidades físicas y mentales. La propagación de la COVID19, en contextos de por sí vulnerables, ha profundizado las dificultades socioeconómicas y su impacto en la alimentación: pobreza, desigualdad, carencia alimentaria y malnutrición, son algunos de los efectos ocasionados por la pandemia.

En ese sentido, la satisfacción de las necesidades básicas, particularmente la alimentación, está directamente vinculada con aspectos económicos y sociales.

El aprovechamiento adecuado de los alimentos se vincula con otros aspectos que van más allá de la posibilidad de acceder a los mismos, como el empleo, los entornos alimentarios, la calidad ambiental y sanitaria, la disponibilidad de agua limpia, la actividad física, la salud y la educación.

La alimentación y la nutrición se comprometen en función de diversos elementos como el poder adquisitivo familiar, la disponibilidad y acceso a alimentos sanos y seguros y el conocimiento en la preparación adecuada. La capacidad que tienen las personas para tener acceso a alimentos en la cantidad y calidad que necesitan para satisfacer sus necesidades nutricionales se conoce como “seguridad alimentaria” y aunque muchos han sido los esfuerzos por lograr que las personas tengan acceso seguro y constante a los alimentos, en México, según datos del CONEVAL, el 8.3% de la población en el 2018 sufrió hambre, debido a la imposibilidad de poder acceder a los mismos. La inseguridad alimentaria afecta a la quinta parte de la población, lo cual pone en evidencia un problema estructural que se acentúa como consecuencia de la crisis sanitaria actual.

En los contextos en donde inciden los Centros de Desarrollo Comunitario PRAE, se puede observar durante este año de pandemia; que el 6.18% de las familias que atendemos menciona que algún miembro de la familia sintió hambre y por falta de dinero no comió y el 13.17% menciona que algún miembro de la familia dejó de realizar alguna de las comidas principales (desayuno, comida o cena) por falta de dinero o incluso algún miembro menor de 18 años comió menos de lo que debería.

Además de ello, los hábitos alimentarios se han ido modificando. Los alimentos tradicionales han sido reemplazados por el consumo de alimentos procesados y ultra procesados de baja calidad nutrimental, algunos de precio más accesible que los alimentos de mejor calidad nutrimental y que se asocian con la ganancia de peso y la incidencia de enfermedades crónicas degenerativas.

Nos enfrentamos entonces a escenarios en donde por una parte la desnutrición es un mal que no se ha superado, y por otro lado el sobrepeso y la obesidad crecen de manera acelerada. La mala nutrición (desnutrición, sobrepeso u obesidad) tiene implicaciones a nivel físico y cognitivo, afectando el desarrollo integral de las personas, acentuando sus efectos en niñas, niños y adolescentes que requieren contar con los nutrientes necesarios para desarrollar actividades físicas y mentales, incluyendo el aprendizaje.

En PRAE se realizan diversas acciones que contribuyen a la vigilancia del estado nutricional de niñas, niños y adolescentes, así como en mitigar los efectos de una mala alimentación, un ejemplo de ello es el proyecto CMR, enfocado al restablecimiento de niños de 0 a 6 años con algún grado de desnutrición y/o de anemia. Actualmente se identificaron 39 casos con anemia que están en seguimiento nutricional y médico, de igual forma se identificaron 25 con algún grado de desnutrición, así como con alguna situación económica difícil o de salud que los expuso a que su estado nutricional se deteriore recibiendo actualmente tratamiento nutricional.

Un efecto más de la crisis sanitaria, que ha afectado por igual a los contextos rurales y urbanos, es la reducción de la calidad y cantidad de los alimentos que se consumen. El acceso a la alimentación se ve limitado a los alimentos que las familias pueden adquirir o producir de acuerdo a su contexto y posibilidades económicas y a la forma en la que estos pueden prepararse de acuerdo a los conocimientos de cada familia al respecto, las condiciones familiares para contar con la adecuada higiene para la manipulación de los mismos, las formas de preparación, el uso de diversos combustibles, etc. Esto denota que la alimentación es un proceso integral y que ponerla en el centro de la atención es crucial, sobre todo en contextos de crisis como el de la pandemia.

 

Es por ello que en los Centros de Desarrollo Comunitario la alimentación juega un papel fundamental para el desarrollo de niñas, niños, jóvenes y sus familias. Para asegurar el acceso a la alimentación nutritiva, equilibrada, accesible, adecuada e inocua se emprenden diversas acciones:
• Monitoreo de peso y talla
• Seguimiento del estado nutricional
• Atención a problemas de salud relacionados con la alimentación
• Diseño de menús adecuados a las necesidades de niñas y niños inscritos a los programas educativos, así como su preparación con insumos locales, cumpliendo con los máximos estándares de higiene e inocuidad en nuestros comedores
• Promoción de sistemas de producción y consumo de alimentos que tomen en cuenta al entorno, a las personas y el impulso de la agricultura familiar.

Asumimos este compromiso para poder acceder de manera equitativa y sustentable a alimentos suficientes, nutritivos, saludables, producidos de forma armónica con el ambiente.

En este sentido, una de las estrategias puestas en marcha por PRAE es la implementación de huertos en casa y huertos escolares, a través de los cuales impulsamos las capacidades de las familias para poder contribuir a su seguridad alimentaria y a la toma de decisiones respecto a su alimentación en un sentido amplio que incluye la producción, distribución, aprovechamiento y consumo; aspecto que es conocido como “Soberanía alimentaria”. Actualmente promovemos la producción de hortalizas agroecológicas y producción de proteína de origen animal en 120 traspatios familiares, que contribuyen a que familias en situación de vulnerabilidad de las comunidades rurales donde tenemos incidencia, beneficiando en Cuacuila a 158 personas y en Zacatlán 342 personas que pueden acceder de manera constante a alimentos de calidad, esta acción combinada con una estrategia de seguimiento y fortalecimiento de capacidades permite que las familias puedan poner la alimentación en el centro de su atención y a partir de ella puedan transformar su salud, medio ambiente y economía familiar.

Aunado a ello en los Centros de Desarrollo Comunitarios (CDC) de Zacatlán y Cuacuila contamos con huertos agroecológicos que producen cerca del 20% de los insumos requeridos para la preparación de menús saludables otorgados en los comedores escolares, que en muchos casos constituyen la fuente de alimentación más completa de niñas y niños en edad escolar.
Actualmente con el regreso a clases presenciales en este tiempo de pandemia, se está garantizando un box lunch saludable el cual aporta en promedio entre el 15% y el 27% de kilo calorías necesarias para niños de edad preescolar y escolar; aplicando claro está, buenas prácticas de higiene.

Los CDC en esta época de epidemias, sin duda alguna, quieren impulsar a las familias de los beneficiarios y a las comunidades de los alrededores, apoyando a su seguridad alimentaria con diversas estrategias para las familias y la comunidad.

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